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Una caminata a la ciudad perdida Maya de El Mirador, Parte 1

Hace tres años, cuando me enteré por primera vez que iba a ser asignado a Guatemala, observé en los libros guías la mención de una ciudad Maya en ruinas ubicada en lo profundo del bosque y que era accesible solamente caminando por cinco días ida y vuelta. Yo instantáneamente decidí que tenía que ir. Y finalmente, el mes pasado lo logré! Qué maravillosa experiencia.

El Mirador está a 130 kms al norte de Flores, cerca de la frontera de Guatemala con México, y muy dentro de los bosques de la Reserva de la Biosfera Maya. Los primeros 90 kms son de terracería. Pero los últimos 40 kms solamente se pueden hacer a pié. Viajando con mi hermano y un par de amigos de Inglaterra, nos dirigimos a la comunidad de Carmelita para caminar el primer segmento de 17 kms a El Tintal, donde acampamos la primera noche. Tuvimos una caravana de cinco mulas para llevar el equipo, comida y agua, y otras dos mulas que podíamos montar en turnos cuando nos cansábamos. Teníamos un guía que abría camino entre la selva con su machete, una cocinera que hacía tres deliciosas comidas al día y un arriero para atender a las mulas. Nos lavábamos cada noche con agua, de varios tonos de verde, extraídas de algunas pozas cercanas. Se sentía como una expedición del Siglo XIX, totalmente en el estilo del arqueólogo británico Victoriano Alfred Maudslay quien visitó Tikal y Quirigua en el 1890, (pero él nunca vió El Mirador).

Caravana de mulas

Mi hermano y yo

El camino era predominantemente plano, y en esta época del año estaba totalmente seco (y compasivamente) sin muchos insectos. Las ruinas en El Tintal son impresionantes, con un par de templos enormes. Subimos uno y fue obviamente una ciudad muy grande. Estábamos muy por arriba del bosque y las vistas parecían extenderse por siempre, un mar verde. Y a la distancia se podía observar un montículo: El Templo de La Danta en el Mirador, a 23 kms de distancia.

Uno de los muchos caminos que recorrimos

Vista de La Danta desde El Tigre

Al día siguiente caminamos esos 23 kms, casi en toda la calzada Maya, una amplia carretera que conecta ambas ciudades. Obviamente ahora está con mucha vegetación pero fácilmente uno podía imaginar el bullicio de la gente y los artículos que iban y venían dentro de ella, hace 2,500 años. Pasamos por varias pequeñas estructuras mayas en nuestro camino (tristemente muchas de ellas mostrando haber sido atacadas por ladrones de tumbas) hasta que llegamos a La Muerte, un impresionante pequeño complejo Preclásico con una completa cámara mortuoria intacta debajo. El par de kilómetros finales hacia El Mirador fueron de trabajo duro en el calor de la tarde, pero llegamos a nuestro lugar de campamento y nos refrescamos nuevamente con un (verde) baño, impacientes de comenzar a subir El Tigre uno de los varios templos del lugar. La vista del amanecer desde la cima fue sorprendente: mucho más alto que la selva, podías observar a México de un lado, hacia atrás El Tintal, y lo mejor de todo a 2 km de distancia estaba La Danta, el templo más grande de El Mirador que sube 72 metros del piso del bosque.

Como tengo mucho más que contarles, voy a dividir este blog en dos partes, queden atentos a la segunda parte la próxima semana!

Vista del atardecer desde El Tigre

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